La incomodidad de la madurez.


Desde mi juventud tuve interes por fantasias relacionadas con el sadomasoquismo y la dominacion, y en el camino he ido descubriendo nuevas fantasias. Así, a los 21 estando de novio con la que después fue mi esposa descubri el control de orgasmos dentro del marco del femdom. Y si bien otras prácticas entraron y salieron de nuestras vidas, el tema de la castidad forzada, el control y negacion de los orgasmos nunca se fue del todo.

Otros temas relacionados como la práctica del cuckold solo fueron fantasia y nunca se concretaron por uno u otro tema.

Ya siendo bastante mayores nos enteramos que habia gente que hacia foco en su estilo de vida en mantener al hombre sin la posibilidad de penetrar una vagina. Si bien parecía similar a la practica de la castidad, el foco era otro, aunque muchas veces esta relacionado tanto con castidad como con cuckold. Cuando se lo mostró a Cecilia, mi señora, no estuvo interesada. Si bien nunca fue una mujer con mucho deseo sexual, cuando lo haciamos le gustaba de la manera tradicional. Por lo que quedo en el plano de la fantasia, y me excitaba leyendo las historias de hombres a los que sus mujeres los tenían en castidad y les prohibían todo acceso carnal.

Un par de años pasaron y llegó le llego la menospausia. Su cuerpo y su deseo comenzaron a cambiar. Y yo lo noté, entre otras cosas en la disminucion de las veces que teniamos intimidad. No era la primera vez que pasaba, pero obviamente esta vez era distinto. El tiempo pasaba y tratando de apoyarla, le daba mas espacio y tiempo. Y nuestra intimidad disminuía. Inevitablemente llegó el dia en que tuvimos la charla que teníamos que tener sobre esto.

Ella se abrió y me habló de su cuerpo, de los cambios, de lo que sentía, y de lo que había dejado de sentir. De la incomodidad que le generaba el acto sexual, y como esto la hacia tener menos deseo de estar conmigo. Yo, como hombre y cabernicola (tampoco voy a mentir diciendo que soy un santo) le planteaba posibles soluciones para que las cosas siguieran como antes. Pero ella decia que no a todo.

Entonces le pregunté que puedo hacer yo para recuperarte, y la respuesta fue tajante. Nada.

Al principio la palabra cayo como una piedra, pero como una piedra en un estanque, dejó olas. Al principio me dejó helado, pero como ya comenté tengo algunos gustos peculiares, y a la vez que me shockeo, tamien provocó un respingo del amigo entre las piernas. De alguna manera me sonó a una sentencia de mis fantasías de castidad, "No podría hacer NADA".

Mi mento voló rapido y recordo el Pussyfree. Y de la misma loca y antilogica manera que cuando estaba todo excitado le pedia que me ponga en castidad, ahora que moría de deseos de hacerle el amor, me excito la idea de que me pusiera en una sentencia de nunca volver a hacerlo.

Ella habrá notado mi sonrisa pervertida, porque me preguntó

- ¿En que estas pensando ahora?

- No te quiero molestar con mis pavadas, entendí que no tenés deseo, y no es que te esté pidiendo nada, pero recordé ese fetiche raro que una vez te mostré, eso de mantener al hombre sin permiso de penetración, ¿te acordás?

- mmm, creo que sí. Pero no me digas más nada. Yo se que vos tenés necesidades, no me olvido. Te pido que me tengas paciencia y no me insistas con nada sexual por unos dias. No te estoy reprochando nada, estas siendo un hombre maravilloso. Solo te pido un poco más de paciencia.

- Por supuesto amor. No es necesario ni que lo digas.

Desde ese día Roberto se esforzó por no decir ni hacer nada que haga sentir presion a Cecilia, mientras la vida seguía su curso. El tampoco era un cachorro en celo como a los 20. Estaba mucho mas tranquilo y podía esperar. Sin embargo en su cabecita seguía dandole vueltas al fetiche y empezío a registrar los días que llevaba desde su último vez juntos y de sus orgasmos. Pasado unos días se le ocurrio desempolvar su viejo dispositivo de castidad y a solas empezar a usarlo. Primero algunas horas al día y se lo sacaba para dormir. Pero una noche se sentia comodo y se lo dejo puesto para dormir. Ya sea por la edad o por lo que sea, es primer noche fue bastante tranquila, por lo menos comparada con las veces que lo habia usado por largos tiempos de castidad.

Fue armando su propia rutina, de forma que Cecilia no tuviera que ver que usaba el dispositivo para que no lo sintiera como una presion. Por ejemplo para dormir se ponia un boxer señido al cuerpo y encima un pantalón pijama; o aprovechaba para bañarse cuando ella iba a sus clases de yoga o cuando salía a caminar. Los fines de semana que ella se levantaba mas tarde y él no tenía que ir a trabajar, el se despertaba antes se bañaba, se afeitaba y despues ya seco y vestido se dirigía a la cocina donde le preparaba el desayuno.

También se preocupaba por ser cariñoso con ella para que no pensara que él estaba molesto, pero tratando de dejarle en claro que no estaba buscando nada. Y de esa forma el lograba que ella aceptara ocacionalmente que le haga masajes en los pies o en las piernas. Lamentablemente ella nunca permitió que avanzara más alla de sus muslos y nunca se sacaba la ropa interior. Pero él no insitía y le agradecía por la experiencia de tocar sus piernas y pies. Algunas veces le permitía darle un masaje en la espalda pero ella cuidaba que él no pudiera verle los senos antes de acostarse boca abajo en la cama, y él se daba cuenta de esto, pero agradecía por la oportunidad de acariciar su espalda.

Así fue pasando el tiempo, de forma que unos dos meses despúes de la charla el ya llevaba cerca de un mes de castidad y unos cuatro meses sin tener sexo con su señora. Estaba excitado, para que negarlo. aunque procuraba no ver mucha pornografía, ya tenia experiencia en periodos largos de abstinencia para saber que convenia no empezar a sobreestimular la mente. Sin embargo su mente precisamente no paraba. No dejaba de pensar que de cierta forma estaba viviendo su fantasia más extrema negacion de orgasmos con castidad y pussyfree, y si bien habian tenido periodos mas largos sin orgasmos, era con diferencia la vez que mas tiempo había estado alejado de la hermosa conchita de su mujer. Y en realidad de nunca ella le habia impuesto una sentensia donde no pudiera ni siquiera verla desnuda, asi que por lejos esta era la version más extrema.

Cuando estaba por el tercer mes de castidad, empezó a pensar seriamente cuando terminaría con esto. Es decir, estaba así por decision propia, porque seguir adelante tanto tiempo. Pero algo dentro de él le decía que siguiera, que era un sacrificio que el ofrecia a su señora para estar en sintonia con lo que ella estaba pasando. No sabia si tenia mucha logica pero para él tenía toda la lógica del mundo. Si bien tenía muchas ganas de masturbarse y muchas mas ganas de tener cualquier tipo de intimidad con su señora ya estaba tan acostumbrado al dispositivo que casi olvidaba que lo tenía puesto a veces.

Una mañana de domingo, despues de desayunar, estaban los dos en la cama mirando algo de televisión, Ella se acercó a él y metio la mano por debajo de su remera y empezó a acarriciarle el pecho. A Roberto el corazón empezó a latirle violentamente, un poco por la terrible excitacion que  sentía, y un poco porque recordo que tenía el dispositivo puesto. ¿y si ella avanzaba?, tendría que darle explicaciones. ¿y si ella se lo tomaba a mal? podría arruinar todo su buen comportamiento de estos meses.

Ella continuó jugando con su mano. Acariciando los pequeños pezones de roberto luego bajando lentamente dibujando circulos sobre la su piel hasta la cintura, amagaba a meter la mano bajo el pantalon y luego volvía a subir y volvía a bajar y así por algunos minutos.  

- Gordito, ¿hace cuánto que no lo hacemos? pregunto con una sonrisa diabolica.

Roberto apenas podia respirar de la excitacion, pero logró contestar de forma entrecortada por los jadeos.

- Ca.... casi ... seis.... me...ses.

- ohhh, cuánto tiempo.... pobresito mi gordito.... Bueno por lo menos te lo estas haciendo solito, no?

- eh... bueno... en realidad....

- mmm.... no me digas que.... 

En un movimiento rápido Cecilia le bajó los pantalones a Roberto dejando el espectaculo de su verga que había crecido todo lo que la jaula le dejaba y pulsante se desbordaba por entre los barrotes de su prisión. 

Cecilia puso una fingida cara de indignación pero rapidamente empezó a reirse.

Tomó el paquete con una mano y las bolas con la otra y empezó a jugar suavemente mirando a la cara a Roberto. Este rojo de vergüenza o de excitacion o ambas a la vez desviaba la mirada, mientras jadeaba. Enjaulado y todo seis meses de abstinencia casi total de su mujer, más los tres meses de castidad lo habian vuelto muy sensible y ya con estas caricias estaba a tope.

- ¿Cuánto? pregunto Cecilia poniendose seria mientras sopesaba el peso de las bolas como si tratara de notar si estaban llenas.

- Tres meses.

- Nunca estuviste tanto... es tu record, no?

Roberto asintió mientras se mordia un labio.

Cecilia dejó de jugar y volvió a subir el pantalón y el boxer. le acomodó la ropa a su marido y se montó sobre las piernas de él.

-Tontito, ¿realmente pensaste que no me daba cuenta que estabas usando la jaulita?

 Luego se inclino y comenzó a besarlo por el cuello y acariciarlo suavemente, hasta que llego a su oreja y empezó a decirle suavemente:

-No sabés las ganas que tenia hoy de que me hagas el amor. Pero no quiero ser la culpable de que rompas tus dos nuevos records. Es más, te juro que te voy a ayudar a que sigas aumentandolos. Lo que no te puedo prometer es que te lo vaya a hacer facil. De hecho creo que alguien se va a tener que hacer cargo de apagar el fuego que siento hoy dentro de mi. Y desde ya te digo que me des sexo oral, no rompe tu record, asi que ponete a trabajar, que tenes como 6 meses de trabajo atrasado mi amor.

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